ARIA
—Quítate el maldito vestido…—me dijo ofuscado.
Me lo quité rápidamente, sin pensarlo dos veces. Le hacía caso en todo lo que me decía; desde la primera vez que me ha susurrado en el oído, ya no era la misma.
Esta noche, no iba a luchar contra mis sentimientos. Aceptaría todo lo que él me diera, sin reservas.
Su mirada recorrió mi cuerpo antes de que sus manos lo hicieran, comenzando por mis hombros, luego mis pechos, hasta llegar a mis caderas. Ahí apretó con tal fuerza que sabía que al