CAPÍTULO 41

Judy permanecía sentada en absoluto silencio al lado de David.

Mantenía la espalda erguida y las manos entrelazadas formalmente sobre el regazo, emulando a la perfección cada una de las pautas que había practicado durante sus lecciones de etiqueta. El corazón le latía a un ritmo acelerado, pero se esforzaba al máximo por no proyectar el menor rastro de agitación en su semblante.

El salón de convenciones era imponente.

Sencillamente descomunal.

Grandiosas lámparas de cristal pendían del techo, b
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