Sin hablar sostuve la llave, Tiara continúa en la pataleta y suelta, palabras impropias hacia la recepcionista.
—¡Inepta, si me pasa algo es su culpa! —gritó exagerada Tiara.
Mi chica es de armas tomar cuando no debería serlo.
—¡Oh, por favor! —chasqueé la lengua—. Si escuchas ruido, llama a la policía —dije sarcástico y le tiré una guiñada a la mujer.
Ella se toca el pecho sonriendo y con la mirada atenta de la empleada le doy otro azote a Tiara en su maravilloso trasero por pintarme de asesi