Adrián despertó cuando el reloj de pared marcaba ya las doce.
En la mesita de noche había un vaso con agua tibia, que Adrián tomó de un solo trago. Con una mezcla de alegría y malestar, salió de la habitación decidido a encontrar a su esposa y hablar con ella.
Pero cuando, sudando frío, subió por la escalera de caracol hasta la azotea,
lo que vio fue a su esposa besándose apasionadamente con un hombre llamado Justin.
Un dolor punzante le atravesó el pecho.
Adrián apretó sus labios pálidos y corr