—Cariño, escúchame —suplicó Lilian, desesperada—. Ni el bebé ni yo podemos vivir sin ti… aunque me odies, ¡no deberías odiar a nuestro hijo!
—Esa mujer, Susana, si de verdad te amara, debería aceptar a nuestro hijo como suyo. ¡Ella no puede tener hijos, ¿lo olvidaste?! Además, arruinó el cumpleaños de Gabriel, te hizo quedar en ridículo frente a todos. Es mala, tú…
Al ver el rostro helado de Adrián, la voz de Lilian se fue apagando.
—Creo que olvidaste quién eres. —Adrián acomodó los puños de su