Ingresamos al impotente edificios de vidrio azules, el interior es maravilloso, no puedo evitar barrer con la mirada el sitio donde me encuentro. El personal camina de un lado a otro, vienen y van con papeles en las manos en el trajín laboral, todos se ven muy ocupados y estresados.
—¡Al fin llega Señor! —ladeo la cabeza en dirección a la mujer vestida con un traje de dos piezas color azul oscuro. Se detiene al frente y me da una mirada desdeñosa. —Señor Said, los inversionistas lo están espera