—Está de acuerdo. Le pareció estupenda la idea, hasta nos dejó encargarnos a Sam y a mí. —digo.
—Que bueno cariño, en el taller de tu madre hay algunos materiales que les servirán. —informa levantándose del taburete.
Lo miro emocionada.
—¿Los puedo utilizar? —asiente con la cabeza. —¡Gracias!
Salgo de la cocina y entro al pequeño lugar donde mi madre solía realizar sus obras. Una manta blanca cubre una de las pinturas que no alcanzó a terminar, quito la tela dejando al descubierto una figura f