El tiempo era como un reloj de arena roto para Thania Purry. Cada tictac del reloj en la pared de su *penthouse* sonaba como una advertencia de terror lista para hacer estallar su futuro. Seis semanas. La edad de la gestación que se alojaba en su vientre no admitía compromisos con el tiempo. Si en las próximas dos o tres semanas no lograba arrastrar a Daryl a su cama, todo el mundo se enteraría de que el hijo que esperaba era un bastardo, fruto de su noche salvaje en París.
Thania se paró frent