La caravana de vehículos oficiales llegó al sitio de construcción como un desfile fúnebre bajo la lluvia torrencial, luces azules y rojas girando y rebotando contra el esqueleto de acero del edificio a medio terminar, creando un espectáculo de sombras danzantes que pretendía intimidar a cualquiera que tuviera la osadía de estar despierto a esa hora.
Isadora esperaba de pie bajo el alero de la entrada principal, flanqueada por Dante y Elena Vargas, quien había llegado en tiempo récord con el pij