La lluvia había parado a las cuatro de la mañana.
Isadora lo supo porque se despertó sin el sonido en el techo y tardó varios segundos en entender qué había cambiado.
El mundo estaba en silencio.
Ella también.
Se quedó mirando el techo de la habitación que Marcos le había preparado en el ala oeste de la fundación. Paredes blancas. Ventana con vista al jardín. La luz gris del amanecer entrando por los bordes de la persiana.
Dante dormía a su lado.
No pegado a ella. Un palmo de distancia, que era