El giro inesperado dejó al templo en un silencio sepulcral.
El Beta de mi padre, Víctor, se lanzó como un rayo.
De una patada brutal mandó a volar a uno de los tipos que me sujetaban y lo estrelló contra el altar, dejándolo hecho pedazos.
Dos guerreras me levantaron con firmeza y de inmediato me cubrieron los hombros medio desnudos con una capa pesada, bordada con el emblema de mi familia.
La cara de Ethan se puso pálida. Con los ojos inyectados de rabia, se encaró con Víctor y por fin reaccion