La gala de la fundación

El hotel tenía ese tipo de elegancia que no necesita anunciarse.

No los candelabros de cristal ni el mármol importado que las personas con dinero nuevo compran para demostrar que tienen dinero. La elegancia más difícil: la de los espacios que saben lo que son y no necesitan convencer a nadie.

Valentina llegó a las seis y media.

La gala empezaba a las siete.

Treinta minutos para ver cómo quedaba el salón antes de que llegaran las personas. Para ajustar los detalles que solo se ven cuando hay sil
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