El evento de enero de la Fundación Isabella era el segundo desde la inauguración.
El primero había sido la gala: traje de noche, donantes, el discurso de Valentina que terminó en standing ovation. Este era diferente: más pequeño, más específico, una jornada de trabajo para organizaciones aliadas y periodistas especializados en derechos de mujeres. No cámaras de televisión. No alfombra roja. Solo mesas redondas y café y personas que hacían este trabajo todos los días sin que nadie los fotografia