Kate Morrison llegó el veintitrés de diciembre con una maleta demasiado grande para cuatro días y la expresión de alguien que lleva nueve horas de vuelo y escala en Houston y ha decidido que llegó bien de todas formas.
Emma la vio bajar del taxi desde la ventana de la mansión. Salió corriendo antes de que nadie dijera nada. —¡Kate! Kate la recibió con los brazos abiertos y la naturalidad de quien lleva dos años siendo parte de la vida de esta niña aunque vivan en continentes distintos. —¿Cómo e