Clara
En la oficina todavía se siente el eco del golpe. Tengo fresca la imagen de Sebastian lanzándose contra Nathaniel, que se repite una y otra vez en mi cabeza. Jamás imaginé que llegaría tan lejos, jamás pensé que lo empujaría, que lo golpearía, que lo echaría de su propia empresa.
Avanzo hacia él con cuidado mientras está de espaldas, apoyado en el escritorio, respirando pesado, con el labio inferior partido y un hilo de sangre ya seca marcándole la comisura.
—Siéntate —le digo en voz baj