Sebastian
Él está de pie junto al escritorio, mirándome con una expresión que no me gusta.
Y mientras lo observo, algo dentro de mí se resiste todavía. Durante meses me he repetido que Nathaniel no podía ser el amante, que como mucho sabía algo y me lo ocultaba, que quizá protegía a alguien más, pero no a sí mismo. Me aferré a esa versión porque la otra es insoportable. Porque aceptar que mi mejor amigo, el hombre al que considero un hermano, pudo acostarse con la mujer con la que estuve casad