— Así que la futura señora Gelacio... — murmuró Leonor —. Acércate, Sofía. Si mi hijo te ha elegido para cargar con nuestro apellido, debes tener algo más que una cara bonita. Siéntate a mi lado. Quiero que me cuentes cómo lograste que este hombre, que nunca se doblega ante nadie, decidiera entregarte un anillo.
— Todavía no tengo un anillo, Doña Leonor —dijo Sofía con una voz suave pero firme, dejando que el silencio le diera peso a sus palabras—. Los compromisos más importantes no siempre n