Ana realmente estaba de muy mal humor, y Alejandro, al principio, aún tuvo paciencia para consolarla.
Le prometió que la próxima vez le daría una boda más grande y perfecta, y que luego la llevaría a recorrer Europa de luna de miel.
Al ver que ella seguía sin mostrar alegría, Alejandro entrecerró los ojos:
—Ana, ¿desde cuándo te volviste tan inconformista?
Ana se asustó de inmediato.
Forzó unas lágrimas y empezó a llorar con un aire de tristeza desgarradora.
—Ale, me malinterpretaste. Yo esperab