Desperté desorientada en cuanto sentí que aterrizamos. No sabía cuanto tiempo había pasado desde que salimos de la fortaleza. Pero estaba demasiado cómoda como para moverme, mi cerebro dormido insistía en que aún tenía tiempo.
Entonces escuché una risa masculina sobre mi y abrí los ojos de golpe, alejándome casi por instinto. El pecho de Alexey subía y bajaba por la risa. Entrecerré los ojos en su dirección. ¿Qué demonios le parecía tan gracioso?
Talle mis ojos con las manos para espabilarme.