Aurelio se abriga y mira a los lados con nerviosismo. Palmeo su hombro y lo conduzco hasta mi auto, al ver a Joaquín sonríe y se saludan.
—¿Trajiste a tus nietas? —pregunta Joaquín, emocionado.
—No, pero te envían saludos.
Debo dejar primero a Joaquín en sus clases de karate, se baja despidiéndose de Aurelio, sigo hacia mi oficina y Aurelio suspira de forma pesada mientras me dedica una mirada intrigante.
—¿Qué pasó, Sergio?
—Eso quiero saber yo, no me gusta dejar sola a Amelia en la clínica por