Serena
—No sé qué voy a hacer —me quejo mientras me tiro en la cama con un bufido—. Estamos casi en la ruina.
—Me gustaría ayudarte, pero el gimnasio no produce tanto dinero —dice Taís con frustración.
—Lo sé, no te preocupes. —Resoplo mientras miro al techo—. No es solo cuestión de pagar las deudas, también necesitamos encontrar a un inversionista y arreglar el desastre del último proyecto. En fin, seguiré tocando puertas, no me rendiré.
—Así se habla, amiga —anima Lilia, quien vino junto a Ta