Arianna
Cerré la puerta del baño con más fuerza de la que pretendía. Mi pulso seguía resonando en mis oídos y la piel me hormigueaba como si me hubieran encendido por dentro. Aquel hombre tenía la audacia de pararse detrás de mí de esa manera, de respirar en mi cuello, de tocarme como si fuera de su propiedad... y luego darse la vuelta e irse.
Mi pecho subía y bajaba en ráfagas rápidas mientras echaba el cerrojo.
—Una ducha fría —murmuré—. Necesito una ducha congelante.
Me quité el último trozo