—Yo… yo… ¿podría tener el papel principal femenino? —preguntó Liliana con voz temblorosa.
Evelio soltó una risa fría.
Inmediatamente, Liliana adoptó una expresión de profunda pero resignación, una máscara que dominaba a la perfección.
Como era de esperar, Evelio no respondió directamente. En cambio, sacó su chequera, escribió rápidamente una cifra y arrancó el cheque, dejándolo sobre la mesa.
—Un millón de dólares. Debería bastarte por un tiempo —dijo con una sonrisa cargada de ironía—. Conven