—¿Eres tú la chica con la que tengo que tener una cita? —el hombre la miró de arriba abajo, frunciendo el ceño con evidente desdén—. Vaya decepción, no vales la cena que estoy pagando.
—¿Qué dijiste? —Mónica creyó haber escuchado mal.
Pero no, aquel tipo la estaba despreciando.
—Mírate bien —continuó él, enumerando cada defecto con un tono cruel—. No tienes nada de "chica de anime". Tus ojos son demasiado pequeños, tu pelo parece una peluca barata, tu boca es enorme, tu pecho es plano, tu cintu