—¡¿Vas a seguir jugando?! —Silvina lo empujó con el codo, enfadada—. ¡¿No te basta ya?!
Leonel —todavía bajo la identidad del "capitán"— sonrió con descaro y respondió con voz grave, llena de ternura maliciosa:
—¿Jugar? Esto no es un juego… es un premio muy serio. Gracias, mi esposa, por haberme preparado el pastel de chocolate más horrible de la historia. Este premio es más que merecido.
Antes de que nadie pudiera reaccionar, se quitó la máscara y la peluca.
En un segundo, su verdadero rostro