El cómodo silencio fue interrumpido por el sonido de la respiración de Lila, todavía acelerada. Su cuerpo descansaba lánguido contra el de Taylor, como si ya no le quedaran fuerzas para moverse. La piel aún húmeda, el corazón desbocado y el leve temblor de sus piernas delataban cuánto le había entregado a él.
Taylor pasó una mano por su cabello, acariciándolo lentamente, mientras aquella sonrisa traviesa no abandonaba su rostro.
—Te lo advertí... —dijo en voz baja, todavía ronca—. Si seguías pr