Taylor Remington Miller
El sol del comienzo de la tarde quemaba como si quisiera atravesar la piel curtida, y el aire estaba pesado, con olor a tierra caliente y pasto aplastado. Salí de casa con la cabeza hirviendo, y no era solo por el calor. Era por dentro, ese tipo de calor que sube desde el pecho hasta el rostro.
Lila se había quedado acostada, con el cabello cubriéndose el rostro y aquella expresión serena de quien podría dormir durante todo el día. Y yo, bueno… ni siquiera podía respirar