—Te amo —confesé, con la voz entrecortada—. Te amo como nunca he amado a nadie, Lila. Y no lo digo por decir. Es aquí. —Me toqué el pecho, sintiendo el corazón latir desbocado—. Desde un lugar que ni siquiera sabía que existía hasta que apareciste tú.
Ella cerró los ojos, dejando que las lágrimas se deslizaron en silencio.
—Taylor… —susurró, apoyando la frente contra la mía.
—Tú lo cambiaste todo, princesa —continué, incapaz de detenerme—. La forma en que despierto, la manera en que veo el mund