Lo que Guarda el Silencio.
Mi madre lleva cuarenta y tres segundos sin hablar, los conté.
No porque quiera, sino porque el silencio tiene ese peso específico que te obliga a medirlo, a ver hasta dónde llega antes de que alguien lo rompa.
El auto está estacionado en la orilla con el motor apagado y la llovizna golpeando el parabrisas en un ritmo que no para y las luces de la calle convirtiendo todo en sombras naranjas.
Mi madre mira al frente.
—¿Cómo sabes tú de eso? —repite.
—Me lo dijo Alaric.
—¿Alaric?
—Esta noche, en