El Hombre que no Debió Existir.
Nadie se mueve.
Ni Alaric, ni el gerente, ni siquiera el empleado que acaba de pronunciar ese nombre.
Lucian.
Durante días ese nombre fue una fotografía, una carta, un mensaje anónimo, una sombra que aparecía detrás de cada secreto.
Ahora está aquí, en el mismo edificio, respirando el mismo aire que nosotros. Y, contra todo sentido común, lo primero que pienso no es en escapar.
Pienso en una sola pregunta.
¿Por qué vino él?
Alaric da un paso hacia el empleado.
—¿Dónde está?
El hombre traga sali