Capítulo 76: El peligro en la cocina

Algo que debo reconocer aquí es que Maximiliano y yo somos unos pésimos cuidadores de enfermos, porque aquí… en la ducha, no pensamos en su padre o como se encuentra si no, en como nuestros corazones laten rápidamente por lo que ahora nos estamos confesando.

— Entonces es justamente el corazón perfecto para recibir a un dañado hombre.

— No te digas así, por favor.

— Bueno, es la verdad. — dice Maxim
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