La piel del niño era de color cobrizo, su cabello rizado medía un corte bajo, y sus ojos eran dos perlas negras escondidas bajo un tupido abanico de largas y rizadas pestañas. En su rostro se reflejaba la bondad de un ángel. Lauren, que lo miraba a través de un cristal en una estancia continúa, no encontraba otra expresión que lo describiera. Otra vez, los nervios la dominaron. Ese pequeño niño sería su hijo. Tan pequeño y vulnerable, no tendría más de tres años.
-Su nombre es Gabriel. –indicó