Después de la cena, Paul y Lauren pasearon por un vistoso parque, cerca del restaurante. Era una pequeña placita con columpios y resbaladeras, y una fuente que calmaba la sed de las aves. Esa noche no había nadie, solo ellos en un fastuoso escenario rodeado de coloridas flores, parecía sacado de un cuento. Con la ilustre luna brillando encima de su diminuta existencia, se consideraron apremiados por las casualidades. Hablaron poco, y en su mayoría de trabajo, a pesar de eso, no cayeron en la in