La encontré en la panadería de la calle Serrano.
No fue planeado. No hay forma de planear estas cosas, o si la hay yo no la conozco. Salí del hotel a las ocho de la mañana con el único objetivo de caminar hasta que el cuerpo dejara de sentirse como algo prestado, y la vi a través del cristal: de espaldas, pidiendo en el mostrador, con la coleta castaña de siempre y una bolsa de tela en el hombro con el dibujo de un dinosaurio verde.
La bolsa de Leo.
Me detuve en la acera.
Pude haberme ido. Pude