A las siete y cuarenta y ocho de la mañana del miércoles, Diego escribe.
Diego: Ayer te dejé ir porque necesitabas irte. Hoy estoy aquí cuando quieras.
Lo leo.
No respondo.
El mensaje de Diego tiene la cadencia de sus mensajes de los días difíciles: la información mínima necesaria para que yo sepa que está, sin añadir presión ni urgencia ni el peso extra de lo que quedaría mejor sin decir. Solo: te dejé ir porque necesitabas. Hoy estoy aquí.
Eso también lo aprendió. El cuándo-no-añadir.
Cojo el