El Retiro a las siete de la tarde de julio tiene la luz específica del verano cuando ya no aplasta.
Los pinos. Los plátanos centenarios del paseo central. El estanque con los botes que ya cerraron para el día. Los corredores que a esta hora hacen sus últimas vueltas antes de que el calor del suelo suba desde el asfalto. Los niños que quedan, los más resistentes, en los columpios del parque infantil.
Hay un banco al fondo del paseo de la Chopera que tiene sombra a las siete.
Diego ya está cuando