CAPÍTULO 34: ILUSIÓN DE UNA NOCHE
Llegamos a la casa y Ricardo está prácticamente muerto en el asiento de atrás. Se quedó dormido luego de echarme la culpa de su estado, como si yo lo hubiese mandado a beber así.
—Señor Díaz, por favor ayúdeme a llevarlo arriba.
—Por supuesto, llama a algunos vaqueros, no podré yo solo.
Entro a la casa y le pido a Tamara que consiga un par de vaqueros para que lleven al señor Velazco a su habitación. En cuestión de minutos dos hombres bien fornidos salen a la