CAPÍTULO 23: AYUDA A UNA AMIGA
Me siento tremendamente culpable por no haber visitado a Rebecca, pero es que desde que salí de la cárcel mi vida ha ido como en velocidad acelerada.
—Hola, Becca, ¿cómo estás? —pregunto, intentando sonar casual.
—No muy bien, ¿puedes venir por mí? Estoy perdida.
Su voz no suena muy bien, la preocupación por ella comienza a convertirse en un creciente desespero. Le pido que me indique algo de referencia que pueda usar para encontrarla. Al final me da el nombre de