CAPÍTULO 105: NO VOY A CAER
El silencio de Ricardo acelera mi corazón de manera involuntaria. Una parte de mí, la más irracional y vulnerable, espera que diga que sí le importa. Que me mire a los ojos, que me diga que lo nuestro aún tiene arreglo, que hay una chispa de sentimiento bajo toda esta maraña de odio y resentimiento. Pero no lo hace. Solo se queda ahí, callado, con los labios apretados y la mirada perdida en algún lugar que no alcanzo a ver. La indiferencia con la que me trata a veces