Nos subimos al primer autobús que pasó, sin preocuparnos por la dirección. Lo único que quería era poner la mayor distancia posible entre Matt y nosotros. El interior del autobús estaba casi vacío; solo había un par de personas, cada una absorta en su propio mundo.
Tomé asiento al fondo, donde esperaba no ser vista fácilmente. Acaricié el cabello de Omar, que se había quedado dormido en mis brazos, agotado por la carrera y el miedo. Mientras lo observaba dormir, sentí una mezcla de alivio y te