Me encontraba sentada en el sofá del jardín con Omar, quien estaba abrazado a mí, buscando consuelo y seguridad en mi presencia. Sus ojos estaban llenos de una mezcla de confusión y tristeza, lo que me rompía el corazón.
—Mami, ¿por qué no podemos salir? —preguntó con voz temblorosa, mientras me miraba con esos ojos que siempre me pedían respuestas.
Traté de mantener la calma y no mostrarle el miedo que sentía por dentro. No quería que él sintiera lo mismo.
—Tranquilo, bebé —dije con voz