Alessandro Del Valle.
Me desperté de golpe, empapado en sudor frío, con el corazón latiendo a mil por hora. La pesadilla había sido tan vívida, tan real, que por un momento sentí que Omar estaba allí, acusándome con su mirada. Su muerte, ese recuerdo imborrable, seguía atormentándome cada noche. Sentía una mezcla de odio hacia mí mismo y una tristeza abrumadora que no podía controlar. Sin poder evitarlo, las lágrimas comenzaron a correr por mis mejillas.
Esmeralda, quien dormía a mi lado, no ta