Al borde del abismo.
Finalmente, cuando cayó la noche, Alessandro y yo regresamos a la ciudad. Me sentía agotada, tanto física como emocionalmente, mientras el auto avanzaba por las calles iluminadas, llevándome de regreso a su casa. No sabía qué esperar, pero el nudo en mi estómago me decía que la situación estaba a punto de empeorar.
Cuando llegamos, Alessandro me tomó de la mano, guiándome hacia la entrada de su imponente mansión. Al cruzar el umbral, lo primero que vi fue al señor Edmundo, su padre, esperándo