Mi padrino me aseguró que hablaría con el abogado, y Andrés se ofreció a llevarme a la casa para recoger mis maletas. No tenía muchas ganas de regresar a ese lugar, pero sabía que tenía que hacerlo. Al llegar, sentí un nudo en el estómago al ver a la señora Mariana esperándome en la entrada, su expresión llena de satisfacción al verme.
—Podrá estar feliz porque me largaré de su casa —le dije con frialdad, intentando mantener la compostura.
Mariana esbozó una sonrisa cruel, sus ojos brillaban