Omar Del Valle
Andrés me miraba con muchísimo odio, sus ojos destilando rencor. Podía sentir que me consideraba un hijo de puta, alguien que había jugado con sus dos hijas. Emily, por otro lado, estaba visiblemente molesta conmigo. A pesar de todo, no podía evitar pensar en lo hermosa que se veía en ese momento.
Su cabello rubio, despeinado y brillante, enmarcaba su rostro, y sus ojos, como el cielo despejado, reflejaban una mezcla de rabia y tristeza. Pero lo que más me llamaba la atenci