Estaba a punto de salir para el trabajo cuando noté una figura familiar en la puerta. Era mi padre, Andrés. No dijo nada al principio, solo me abrazó con fuerza y dejó un beso en mi frente. Sentí un nudo en la garganta; su presencia me hizo recordar cuánto necesitaba apoyo en este momento, aunque no lo hubiera admitido antes.
—Papá... —susurré, tratando de mantenerme firme—. ¿Tú qué haces aquí?
Se apartó un poco, mirándome con preocupación en los ojos.
—Cariño —dijo suavemente—, debiste h