A las ocho ya estaba de vuelta en el estudio.
Marco no le había hecho preguntas al llegar. Le había echado un vistazo a la cara, había preparado café, se lo había puesto al lado y había vuelto a la correspondencia. Eso era exactamente lo que ella necesitaba y le agradecía que lo hubiera leído.
La colección de Londres estaba al caer. Faltaban dos semanas, quizá menos si la entrega de telas llegaba antes. Tenía lista la pieza central y tres de las piezas secundarias en fase de acabado. Lo que que