Capítulo cincuenta y ocho

El callejón estaba a oscuras y el intercambio fue rápido.

Alejandro se quedó atrás observando. Su mujer se movía con soltura en situaciones como esta: rápida, serena, sin movimientos innecesarios. La persona al otro lado del intercambio era una sombra que se hizo visible por un instante a la luz de la pantalla de un teléfono y luego volvió a sumirse en la oscuridad. Isabela cogió la carpeta, le echó un vistazo, se la metió bajo el brazo y regresó hacia él.

Sonreía.

—Nuestro plan va sobre ruedas
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