El callejón estaba a oscuras y el intercambio fue rápido.
Alejandro se quedó atrás observando. Su mujer se movía con soltura en situaciones como esta: rápida, serena, sin movimientos innecesarios. La persona al otro lado del intercambio era una sombra que se hizo visible por un instante a la luz de la pantalla de un teléfono y luego volvió a sumirse en la oscuridad. Isabela cogió la carpeta, le echó un vistazo, se la metió bajo el brazo y regresó hacia él.
Sonreía.
—Nuestro plan va sobre ruedas