Solo había un pensamiento en la mente de Valentina.
Que Cecilia estuviera a salvo.
Estaba sentada en el asiento del avión con las manos en el regazo, mirando las nubes debajo de ellos y sosteniendo ese pensamiento sobre ella. Que esté a salvo. Eso era todo.
Emilio estaba a su lado. Iba con el teléfono en la mano y ella lo dejó trabajar, sin necesitar que le hablara. Los dos habían aprendido eso el uno del otro: cómo estar presentes sin exigir presencia del otro. Cuando uno necesitaba espacio, e