Salieron de la clínica hacia la noche.
Emilio la miró.
—Cena —dijo—. Haré una reserva para las nueve.
—Vámonos solo a casa —respondió ella. Ya caminaba hacia el coche—. Pidamos algo para llevar. No tenemos que ir a ningún lado.
Él se puso a su paso.
—¿Estás segura?
—Estoy cansada —dijo ella, mirándolo de reojo—. No de mala manera. Solo quiero estar en casa.
Él asintió y no insistió más.
Ella miró la calle de camino a casa. La ciudad haciendo su rutina vespertina: cafés llenándose, gent